"Y
aquí llegamos a uno de los puntos más grises y recientes del cruce entre
televisión, política y justicia: el caso de Romina Uhrig.
Uhrig no
entró al reality más visto del país siendo una desconocida absoluta; entró con
un pasado en la función pública como exdiputada y con investigaciones en marcha
por enriquecimiento ilícito y lavado junto a su expareja. ¿Cómo llega una
figura con ese perfil al prime time de Telefe?
La
televisión vendió la narrativa de la 'madre luchadora', mientras que tras
bambalinas la exposición le servía como blindaje mediático. Volvemos a ese
morbo asqueroso donde los productores de babean detrás de cámara observando
hasta dónde llegan estas personas. Cuanto más avanzan, más grande se les hace
el babero. Les espera un camarín todo equipado cuando las cámaras se apaguen.
Las
denuncias, los chats filtrados, los problemas financieros y las acusaciones
judiciales no tardaron en aflorar nuevamente. Romina es el reflejo perfecto de
cómo el ecosistema del reality no solo crea famosos instantáneos, sino que a
veces sirve como de lavado de imagen para personajes que arrastran sombras muy
oscuras."

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